Natalio Alberto Nisman, hallado muerto en su departamento la noche del domingo último, tenía 51 años y se desempeñaba como fiscal en la investigación del atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), que en 1994 se llevó la vida de 85 personas. Nisman fue nombrado por Néstor Kirchner para esa durísima tarea 10 años después del atentado y con la causa frenada, en 2004. En la década siguiente, algo ocurrió desde su nombramiento hasta el mes pasado, ya que el fiscal terminó acusando nada más y nada menos que a Cristina Fernádez de Kirchner; es decir, terminó investigando a la esposa de quien lo nombró por los delitos que el mismo Kirchner le había encargado investigar.

Nisman adquirió experiencia como fiscal en los tribunales de Morón. Estuvo casado con la jueza federal Sandra Arroyo Salgado, con quien tuvo dos hijas. Su exmujer se desempeñó al frente del Juzgado Federal en San Isidro. De Arroyo Salgado terminó separándose hace tres años y medio, aproximadamente. El fiscal se encontraba en la mira del servicio de inteligencia argentino, pero también en este tipo de entidades del extranjero -entre ellos las de Estados Unidos, Irán y e Israel-.

En mayo de 2008 pidió, en el marco de la causa AMIA, la detención del expresidente Carlos Menem y del exjuez Juan José Galeano. Según un cable de la diplomacia estadounidense que reveló WikiLeaks, el fiscal buscó "congraciarse con la presidenta Cristina Kirchner mediante la persecución de sus enemigos políticos". En ese momento mantenía buena relación con el matrimonio presidencial, en particular con el exmandatario Néstor Kirchner. También tenía vínculos con el -hasta su reciente retiro- hombre fuerte de la SIDE, Antonio "Jaime" Stiusso.

Durante la presidencia de Cristina Kirchner se manejó la posibilidad de que fuera sucesor de Esteban Righi al frente de la Procuración General de la Nación, aunque el oficialismo terminó por nominar a Daniel Reposo, para luego inclinarse por Alejandra Gils Carbó.

Nisman se alejó del Gobierno a medida que comenzó a trascender el polémico memorándum con Irán. A tal punto que mientras el Gobierno defendía su política hacia Teherán, presentó un dictamen en mayo de 2013 en el que acusó a Irán de infiltrarse en países de América latina para fomentar actos terroristas. También su reconocida amistad con Stiusso, parece que culminó por hacer caer la relación del abogado con el kirchnerismo, ya que fue Cristina Fernández la que descabezó a Stiusso del Servicio de Inteligencia argentino.

¿Vida tranquila? Inhalar, retener el aire y exhalar. Nisman intentaba llevar adelante cursos de la fundación new age con raíces hindúes El Arte de Vivir, por donde también pasaron Marcelo Tinelli, Reina Reech, Agustina Kämpfer, la ex del vice Amado Boudou y en San Juan el hijo mayor del gobernador José Luis Gioja, Gastón. El fiscal adoptó las sesiones de respiración después de haber abandonado la terapia psicoanalítica hace unos años. En realidad, Nisman, cumplía a medias con las técnicas de El Arte de Vivir, sólo cuando su agenda se lo permitía.

Desde la denuncia su rutina se había transformado. Su teléfono no paraba de sonar y se vio obligado a espaciar sus sesiones de elíptico en el gimnasio de su edificio en Puerto Madero. Hace algunos años que ya no podía correr por una dolencia en la zona lumbar, razón por la que eligió los aparatos que evitan impacto.

El fiscal nació en un hogar de clase media alta donde nunca le faltó nada. Su padre era un empresario textil que le garantizó el acceso a la Universidad de Buenos Aires. Mientras estudiaba abogacía trabajó como meritorio en Tribunales. Estudioso y aplicado, rindió la mitad de las materias como libre y tuvo un promedio de 8.

Nisman juraba que no tenía miedo, pero admitió que le preocupaba la seguridad de su familia. Tras la separación con Arroyo Salgado, su ex se quedó en la casa familiar y Nisman se mudó al lujoso edificio Le Parc de Puerto Madero donde lo hallaron muerto. "Alquilo ahí porque la casa en la que vive mi ex esposa no se vendió", contó, según el diario Perfil. Nisman cobraba 100.000 pesos mensuales y, como los jueces, estaba exento de pagar el impuesto a las Ganancias. Su salario era uno de los más altos en la función pública. Incluso ganaba más que la Presidenta.