El maquinista Marcos Córdoba, que condujo el tren de la tragedia de Once, era “la víctima 52” del accidente y a partir del hecho ‘va a quedar muerto en vida‘, afirmó ayer Omar Maturano, el jefe del gremio de los conductores de trenes La Fraternidad.

‘Todos los compañeros que se jubilan con 30 años de servicio, tiene 25 o 30 muertos en su haber, en lo que se refiere a arrollamientos en pasos a niveles y no por su negligencia‘, afirmó a radio Mitre. El dirigente sindical afirmó que Córdoba (28 años) tomó el reemplazo de un conductor que no podía seguir en la estación Castelar y que entonces llevaba una demora de nueve minutos. Recordó que el tren anterior ya se había sido cancelado y que debió convertir un viaje semirrápido en uno en que debía parar en todas las estaciones. ‘Cuando llegaba a Once llevaba una demora de 20 minutos‘ expresó y señaló que entonces se siente la presión de los pasajeros, que debieron soportar la cancelación primera y la demora del segundo.

Maturano expresó que ‘el compañero hizo las aplicaciones de servicio que debía hacer al entrar en la plataforma‘.

El dirigente gremial negó que Córdoba hubiera declarado que recibió la orden ‘seguí, seguí‘ que figura en algunos testimonios, sino que ante el juez se limitó a decir que ‘se quedó sin frenos y después habló de cosas técnicas‘.

Aseguró que el maquinista recién se enteró de la tragedia cuando habló con el magistrado, ya que hasta ese momento había creído que sólo fallaron los frenos sin consecuencias y explicó que ‘entró en llanto‘ y tuvo que demorar las declaraciones.

Sobre las consecuencias que pueden pesar en la vida de Córdoba, dijo que ‘va a quedar muerto en vida‘, porque ‘a nosotros nos capacitan para conducir, pero no para matar gente‘.

Maturano restó importancia a las presiones que pueden ejercerse desde la empresa, porque dijo ‘el conductor puede negarse a salir con el tren‘ y puso énfasis de que en realidad los maquinistas registran mayor presión de los pasajeros. ‘La presión es del público. Cuando nosotros estamos detenidos en una señal (de advertencia), los pasajeros empiezan a bajarse y maltratarnos‘, acotó.