Como ángeles que velan por la buena reputación de las empresas, los oficiales de ‘ética y cumplimiento‘ vigilan las prácticas de las corporaciones para evitar conductas ‘no santas‘, como el pago de sobornos o el fraude, un puesto de trabajo que crece entre las compañías argentinas.

Aunque la figura del ‘compliance officer‘ (oficial de cumplimiento y vigilancia) está ya consolidada en las estructuras corporativas de países desarrollados, en Argentina su adopción es relativamente reciente, pero va en aumento.

En el país ya hay cerca de dos centenares de grandes empresas que ocupan a una persona con este cargo formal, según datos de la Asociación Argentina de Ética y Compliance (AAEC). Muchas otras empresas dan esta función a trabajadores que ya ocupan otro puesto, como el de auditor interno o gerente de Asuntos Legales, por lo que no desempeñan el rol de vigilancia con exclusividad.

Pero como las normas, locales e internacionales, obligan a cada empresa a designar un responsable que vele por el cumplimiento de normas éticas, esta labor está en ascenso y llevó a la AAEC a crear, junto con la Universidad del Centro de Estudios Macroeconómicos de Argentina, el primer programa de estudio en Latinoamérica para formarse en esta función.

El triple:

‘En los próximos cinco años el número de compañías con especialistas en ’compliance’ se triplicará‘, aseguró Carlos Rozen, presidente de la AAEC y socio de la consultora y auditora BDO Argentina. A este crecimiento empujan las legislaciones internacionales que deben respetar las multinacionales, sea donde fuere que operan, las crecientes normas de regulación en todos los sectores y los sucesivos casos de corrupción.

En Argentina, la Unidad de Información Financiera obliga a tener un oficial de cumplimiento desde marzo de 2011 a aquellas empresas con alto riesgo de blanqueo de dinero y de financiación al terrorismo, como, por ejemplo, las firmas que explotan juegos de azar y los servicios postales que hacen operaciones de envío de dinero.

Además de lo que las empresas están obligadas a hacer por las normas, las compañías están expuestas a ‘riesgo en su reputación‘ ya que hoy incumplir puede significar salir en las portadas de todos los periódicos o dejar de cotizar sus acciones en las bolsas.

‘Además de conocimiento de normas y regulaciones, los oficiales de cumplimiento (que normalmente son abogados) deben ser buenos líderes y capacitadores, darse a entender, deben caminar mucho dentro de la empresa y hablar con la gente. Debe además ser un buen asesor de negocios y advertir cuando una práctica que deje buen dinero, a largo plazo será perjudicial‘, explica Rozen.

‘Deben hacer, como tarea preventiva, investigaciones a empleados y socios de negocio, controlar que en el negocio no estén involucrados funcionarios políticos o delincuentes acusados por lavado de dinero‘, indicó el presidente de la AAEC.

Fuente: Efe