‘Retira libremente sólo lo que necesites‘, invita a los transeúntes una heladera situada en la vía pública de la ciudad de San Miguel de Tucumán. Su objetivo: dar de comer a todo aquel que no pueda pagarse un plato de comida y, a la vez, reducir el ingente desperdicio de comida.

‘Somos dueños de tres negocios gastronómicos y siempre nos preguntábamos qué hacer con el excedente de comida que tirábamos‘, dice Luis Pondal, uno de los tres fundadores de la iniciativa solidaria conocida como ‘heladera social‘, la primera del país en su tipo.

El miedo a intoxicar a alguien o sufrir una demanda por ese motivo frenaron durante años los planes de donar alimentos sobrantes, señala Pondal. Hasta el día en que, a la hora del cierre, vieron cómo un padre metía a su hijo pequeño en el interior de un contenedor para que buscase comida entre las bolsas de basura y la mayoría de lo que encontró procedía de su restaurante.

‘Era una locura. Sé que es una imagen cotidiana -cuántas veces va uno caminando y ve gente revolviendo basura-, pero ese día decidimos hacer algo, porque es indigno que una persona coma así‘, señala Pondal. ‘Decidimos que en vez de tirarla, íbamos a porcionarla, clasificarla y ponerla dentro de una heladera, para que cualquiera que pase la pueda sacar‘, explicó.

La sacaron a la calle a finales de febrero y su éxito fue inmediato. Además de los alimentos no consumidos en sus locales, decenas de vecinos se acercan a diario para depositar lo que les sobra al cocinar y restaurantes y negocios cercanos entregan también sus excedentes, que desaparecen al poco tiempo en manos de personas que no se los pueden costear.

‘Estamos muy sorprendidos con la participación de los vecinos. Pensábamos hacernos cargo de lo nuestro, pero ante la gran

participación hemos redactado un protocolo de ‘guardado y cuidado’, para que los vecinos sepan que tienen que poner los platos en una bandeja descartable, envolverlo en papel film y rotular su fecha de elaboración; la comida sólo estará 24 horas en la heladera social’, detalla.

También se han visto desbordados por la cantidad de llamadas y mensajes recibidos para preguntarles sobre el proyecto, con la intención de replicarlo en otros lugares de Argentina. ‘Todos tenemos una heladera social en nuestras casas‘, subraya Fernando Ríos, quien, junto a Daniela Viñas, integra el trío de fundadores de la iniciativa de la ‘heladera social’.

Pondal cree que son muchas las personas que no quieren tirar comida, pero faltan canales para evitarlo y una regulación clara que permita donar alimentos ‘sin tener que sufrir si va a pasar algo o no va a pasar‘. Detrás de la frase ‘la comida no se tira‘, repetida durante generaciones de padres a hijos, Pondal ve un motivo central: ‘No tirarla porque hay gente que la puede comer‘. Además, continúa, ‘cuando uno piensa en no tirar comida piensa también en hacer una compra responsable para que no sobre nada, en cuidar la tierra que produce esos alimentos, en la necesidad de frenar el cambio climático’.

En Argentina se desperdician cada año 1,5 millones de toneladas de comida, unos 38 kilogramos por persona, según datos de 2015 del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca. El pan y los cereales, las frutas y las verduras, y los lácteos, son los principales

grupos de alimentos que van a parar a la basura. La otra cara de la moneda son los 11 millones de argentinos que viven bajo el umbral de la pobreza, casi el 29% de la población. ‘La discusión no es una heladera. La discusión es hasta cuándo vamos a mirar para otro lado tirando alimentos cuando vecinos pasan hambre‘, concluye Ríos.

Fuente: Efe