El referente del Frente Renovador (FR), Sergio Massa, tiene plazo hasta el miércoles próximo para decidir si disputará su candidatura presidencial en las elecciones primarias con José Manuel de la Sota o si desertará, acosado por las deserciones de intendentes, la baja en las encuestas y la negativa de Mauricio Macri a abrir la coalición opositora.
El rechazo del alcalde porteño a incorporar a Massa a una primaria común se mantuvo pese a la decisión de bajar al precandidato a gobernador del FR, Francisco de Narváez, que implicó un gesto de apertura y otro de advertencia.
Macri no quiere saber nada con dirigentes que tengan un resabio peronista, redobló su apoyo a su precandidata en la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, y cerró así la posibilidad de que Massa se refugiara en una postulación a gobernador en el primer distrito nacional para competir en una elección primaria con el PRO.
La declinación de la candidatura de De Narvaez -que puede revertirse antes del miércoles si Macri no acepta competir con Massa en las primarias- fue una jugada tendiente a presionar por un acuerdo o, en todo caso, a responsabilizar al alcalde porteño de la división del espectro opositor, lo cual podría culminar en un nuevo triunfo del Frente para la Victoria (FPV).
En los último días Massa se preguntó por qué le dan tanta centralidad a su candidatura si son reales los sondeos que le auguran un tercer puesto. La explicación acerca de por qué todas las miradas de los observadores están hoy enfocadas hacia la decisión de Massa está en la herencia que pueda dejar, o en los votos que les pueda sumar o restar al Gobierno y al PRO, las dos fuerzas que polarizan la elección.
El caudal electoral de Massa no le alcanza hoy para soñar con la gloria, pero podría desequilibrar la relación de fuerzas que hoy relevan los sondeos entre el Gobierno y el macrismo.
Algunas de las últimas encuestas de intención de votos conocidas, revelan que el candidato más favorecido del FPV, Daniel Scioli, marcha delante de Macri a una distancia que, de estirarse un par de puntos, podría convertirlo en presidente de la Nación en la primera vuelta.
Otros sondeos indican que si Massa declinara su precandidatura presidencial la mayoría de sus votantes optaría por el candidato oficialista, lo cual le otorga importancia a la decisión que Massa medita por estas horas y que posiblemente anuncie mañana en conferencia de prensa.
Massa llegó a la situación de rogar por un espacio en la primaria en la que competirán Macri, Ernesto Sanz y Elisa Carrió luego de haber triunfado en 2013 en la provincia de Buenos Aires, cuando se impuso al kirchnerismo con el apoyo del PRO.
Macri le cobra a Massa los dos años de estrellato en los que el tigrense no le pagó a su socio el favor del apoyo que recibió en 2013, cuando obtuvo cerca de 4 millones de votos en la Provincia de Buenos Aires. El jefe de Gobierno porteño rechaza a un Massa en caída libre, pese a que posee una instalación territorial en el conurbano bonaerense, un territorio pantanoso para el PRO.
La lógica del macrismo es acentuar su carácter antiperonista para polarizar la elección con el candidato peronista que surja de las primarias, porque aun siendo segundo, aspira a un balotaje que terminaría juntando en los hechos todos los votos opositores. Télam

