Fueron unos segundos, pero después de tanta emoción contenida durante la ceremonia de beatificación del cura Brochero, era imposible no estremecerse como creyente y como padre. Así vivió ayer el gobernador José Luis Gioja el breve, pero intenso saludo, con un abrazo y un beso, con el niño, que con su recuperación milagrosa, hizo posible la consagración de Brochero como beato.

’El chico está fantástico, es un niño prácticamente normal, apenas tiene una dificultad de movilidad en el brazo derecho. Durante el acto estuvimos sentados a cinco metros del chico y sus padres’, relató Gioja a DIARIO DE CUYO cuando se bajaba el telón del acto en Villa Brochero.

’Todos los que tuvimos la suerte de estar cerca vivimos con mucha emoción el momento en que Nicolás y sus padres caminaron hasta el altar para entregar una ofrenda. El chico lloraba. Yo aproveché para saludarlo. Me estremeció’, contó Gioja.

En encuentro con Nicolás y el instante en el que se descubrió la foto gigante con la imagen de Brochero fueron los momentos más emotivos para Gioja que estuvo acompañado por su esposa, Rosa Palacio, y su hija Flavia, monja de las Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, orden muy ligada a la obra del cura Borchero.

El Gobernador también se vio sorprendido por la fuerte presencia de curas y creyentes sanjuaninos.

’Lo vi al padre Rómulo, y como a treinta curas más. También vi a los chicos del Colegio Luján’, describió un Gioja desbordado por la demostración de fe por el cura Brochero. Al ser consultado si hizo algún pedido especial a Brochero, el mandatario afirmó: ’pedí para que nos vaya bien a todos, a San Juan, y para que nunca se apague el espíritu de trabajo de los sanjuaninos que se rompen el alma todos los días’.