Tiene menos rencor de lo que podría tener cualquier madre a la que le hubieran dado por muerto, equivocadamente, a un hijo. Y tiene más fe de lo que podría tener una persona frente a tanto diagnóstico desolador.
“Para los médicos, el primer año de la beba va a ser terrible. Dicen que mi hija no va a caminar. Pero bueno, nadie puede saber. Nos dijeron tantas cosas que eso ya no me asusta. Primero dijeron que se moría y no fue así. De todas maneras, vamos a seguir para adelante”, asegura la mamá de Luz Milagros, la beba prematura dada por muerta al nacer y rescatada doce horas después de la morgue de un hospital chaqueño.
“Aunque el gobernador de Chaco quiere donarle los muebles de la habitación, el mejor regalo sería que Luz Milagros ya esté en casa con nosotros”, cuenta a DIARIO DE CUYO Analía Boutet, mamá de Luz Milagros. O simplemente Luz, como suelen llamarle en casa.
Tras la odisea que empezara el 3 de abril al nacer la nena, Analía reconoce que hubo noches de poco descanso y que su cuerpo llegó a pasarle factura ante tanto agotamiento. Si bien nunca dudó en “seguir para adelante”, admite que prefiere no volver a ser mamá.
Analía tiene 30 años, pocas palabras y respuestas breves. Se toma tiempo al contestar preguntas, como si le costara hablar y poner en palabras tanta tensión que pasó con su hija, que nació con unos 700 gramos y que ahora pesa casi dos kilos y medio. “Cuando vi que mi hija estaba viva en la morgue creía que era producto de mi imaginación”. Luego de que le informaran equivocadamente que la beba había muerto “fui a la morgue porque quería conocerla, tener un proceso de desahogo y llorar por ella. Tenía que verla si o si. Después, no podía creer lo que estaba viendo. Que se movía y que lloró. Pensé que era mi imaginación”, describió la mujer.
A Luz, los médicos “ya la están haciendo trabajar”, cuenta entre risas su mamá al recordar las dos horas de entrenamiento sin respirador que debe cumplir la beba, que el 3 de abril pasado toleró doce horas de bajísimas temperaturas en la morgue.
Mientras cuentan las horas por los festejos del Día del Niño, Analía no se olvida de tantos regalos que le hizo la gente a Luz. Sin olvidar “un peluche gigante que le regaló un muchacho”, admite que el mayor regalo sería “que esté en casa con nosotros”.
El cumple
Tras meses de internación en Buenos Aires, Luz llegó el jueves pasado a Chaco. “La gente ya empezó a llenarla de regalos”, cuenta su madre, que vive en un humilde barrio ubicado a cinco kilómetros de la capital chaqueña. “Yo estoy medio rara, pero feliz. Acá la beba ya puede tomar leche por una jeringa”, cuenta la mujer que el viernes pasado cumplió 30 años.
“¿Cumpleaños? (se pregunta con tono de duda). Gobernación me regaló una cena en un restaurant para ocho personas. Vamos a ir con mis hermanos, mi abuela y Fabián (Verón, su esposo). Anoche tuvo que quedarse él a cuidar a Luz. Nos quedamos hasta las tres o cuatro de la mañana y al otro día volvemos temprano. Ella está en terapia intensiva, sola, para que ningún virus pueda afectarla”.
Aunque no está tan ansiosa, Analía espera con gran expectativa el momento de tener a Luz en casa. “Queremos que llegue lo mas pronto posible. Sus cuatro hermanitos siempre están preguntando por ella. Están contentos, pero a la vez tristes porque no pueden entrar a ver a Luz (en el Hospital Pediátrico “Avelino Castelán”, en Chaco)”, contó.
De todos modos “hay que esperar que esté lista la casa (que les están arreglando, con ayuda del Gobierno). El miércoles nos entregarían la vivienda. La idea es que Luz no esté mucho en el hospital y hacer la internación lo mas pronto posible en la casa”.
Según Analía, su situación económica familiar no es apremiante. “La ayuda de la gente” y “la asignación familiar” que cobra su esposo parece resultarle suficiente. El gobernador quiere verla esta semana. “Seguramente será para charlar del tema legal. Por lo pronto no tengo idea que hacer con eso. Ellos necesitan un escarmiento (cuenta sin rencor), pero veremos. Sólo me interesa que ella tenga todo lo que necesita. Dios ya hizo mucho y no va a dejar nada inconcluso”, agregó.
Luz nació en el hospital Perrando de Resistencia, terminando por momentos en la morgue de ese centro de salud. “Es el único lugar que cubría mi obra social. Todos mis hijos nacieron ahí. A Camila (el tercero de sus hijos) me la entregaron cambiada. La abuela paterna de Luz murió en ese hospital por una infección. Ojalá que no pase más un caso de éstos”, remató.

