La Plaza de Mayo se colmó de silencio pasadas las 20, dos horas después de que salieran de la Plaza de los Dos Congresos la jueza Sandra Arroyo Salgado y sus hijas junto a un grupo de fiscales convocantes a la marcha por Alberto Nisman.
Fue cuando los organizadores de la movilización lograron llegar a un palco armado frente a Hipólito Yrigoyen 460, donde funciona la oficina de la UFI-AMIA que comandó Nisman durante diez años. ‘Justicia‘ y ‘Argentina‘ fueron dos de las palabras que los participantes entonaron mientras esperaban la llegada de la columna principal bajo la lluvia que arrugaba las manos.
Jubiladas con radios al estilo ‘Spika‘ habían llegado bien temprano a la zona de Plaza de Mayo, donde se apostaron los móviles de televisión para cubrir el tramo final de la marcha. A las 17.30 el cielo se había encapotado y comenzaron a caer las primeras gotas, por lo que algunos alcanzaron a refugiarse en el Cabildo mientras que otros optaban por comprar los paraguas que se vendían a 50, 70 y 100 pesos, según el tamaño.
‘Pilotos, pilotos, baratos los pilotos antigranizo!‘, gritaba un vendedor sabedor de su oficio, mientras ofrecía al mismo tiempo banderas argentinas. A las 18.30 comenzaron los primeros aplausos en la Plaza, pero faltaría mucho para que la movilización llegara a su punto más fuerte.
Para esa hora la lluvia parecía haber parado, y eran muchos los que -adelantándose a la columna principal- habían acortado camino por las laterales para buscar una buena ubicación. ‘Estemos tranquilos, hay mucha gente. Abramos paso para que puedan llegar hasta este lugar‘, decía el locutor desde el palco que había montado el gremio de los judiciales en la puerta del edificio.
Los participantes iban llegando de a mares, literalmente, porque la lluvia había comenzado a sacudir otra vez la Plaza de Mayo. ‘Tengo las manos arrugadas por la lluvia‘, le comentaba una señora a su marido, mientras que otros se sacaban ‘selfies‘ y otros insistían con los aplausos.
Una mujer apuraba a su hija que cargaba en brazos a un perro bulldog, llevado hasta allí ‘pensando que habría menos gente‘, mientras que un padre daba la mano a su hijo de cinco años que quería saber qué estaba pasando. Los cafés de los alrededores de Plaza de Mayo fueron el refugio de algunos de los que quisieron aplacar el frío. A las 19.20 el locutor afirmó que la columna ya estaba cerca, lo cual motorizó nuevamente los aplausos, pero recién faltaría casi una hora para poder ver llegar a los organizadores hasta el palco principal.
Fueron los hombres del gremialista judicial Julio Piumato los que se encargaron de abrir paso entre los empapados manifestantes que habían tenido la suerte (o no) de apostarse en los alrededores del palco. A esa altura, algunos alcanzaron a gritar con ironía el apellido ‘Zaffaroni‘, en alusión al ex ministro de la Corte Suprema de Justicia de clara afinidad kirchernista, pero la burla se apagó de inmediato al entonar el apellido ‘Nisman‘. No hubo banderas políticas, tal como se había solicitado en la convocatoria, aunque se vieron algunos carteles que decían ‘Somos Nisman‘ y ‘Basta de inseguridad‘. El silencio llegó con los fiscales organizadores sobre el palco y algunos lo rompieron al grito de ‘Nunca Mas‘. Fuente: DyN

