Bronca, conmoción, indignación y dolor fueron los sentimientos dominantes ayer entre la multitud que despidió a Candela durante el velatorio y sepelio de la niña de 11 años que apareció asesinada el miércoles por la tarde tras permanecer diez días desaparecida.

Acompañados por familiares, amigos y vecinos, los restos de Candela fueron inhumados en el cementerio Parque Municipal de Hurlingham, entre reclamos de "justicia" y "seguridad", mientras otros gritaron "asesina" a la madre.

La madre de la niña, Carola Labrador, fue increpada por mujeres que le gritaron "asesina, asesina" mientras golpeaban la ventanilla del automóvil en el que se retiraba de la casa fúnebre, encabezando el cortejo, rumbo al cementerio. Labrador también fue increpada en la necrópolis, cuando entre la multitud que esperaba la llegada del féretro le gritaron "¿por qué no entregaste la plata?". Una de las tías de la niña, quien acompañaba a Labrador, intentó abalanzarse sobre quienes increparon a la mujer, pero fue detenida por otros familiares.

El velatorio permaneció cerrado durante algunas horas para que la familia pueda despedir los restos de la niña. Cuando se abrió la sala, cientos de personas pasaron a despedir los restos y cubrieron de flores el féretro.

Y el padre de la niña, Alfredo Rodríguez, quien no asistió al cementerio, arribó al velatorio en un móvil del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), mientras que la madre lo hizo minutos después. Rodríguez purga una condena en el Penal de Magdalena por una causa vinculada a "piratería del asfalto".

El cortejo llegó al cementerio a las 14.45, tras el velatorio que se hizo en una casa mortuoria de Villa Tesei desde las 6 de la mañana. Vecinos y amigos de la niña saludaron el cortejo durante el recorrido, que incluyó el paso por la vivienda familiar, antes de llegar al cementerio.

Los familiares asistieron a una ceremonia breve en la capilla del cementerio antes de la inhumación, en tanto una multitud reclamó, entre aplausos, "justicia" y "seguridad".

Otros concurrentes a la inhumación, entre los que había numerosos niños y adolescentes, portaron carteles con la leyenda "Todos somos Candela".

En las inmediaciones de la casa permanecían pegados los carteles las fotos de Candela, con los cuales la familia pedía datos sobre el paradero de la niña. También seguían allí, los afiches y cartulinas realizadas por vecinos y amigos de Candela a los que se agregaron velas y la imagen de una virgen y mensajes que espontáneamente vienen a dejar los vecinos como "Candela todo Hurlingham te va a extrañar" o "Te amamos mucho".

Autoridades del Colegio Madre Teresa de Calcuta de la Fundación Felices los Niños, a donde concurre Emanuel Rodríguez, el hermano de Candela, de 14 años, se acercaron hasta el domicilio junto con un grupo de alumnos, que venían del velatorio.

Emanuel, que se encontraba en el domicilio, saludó a sus compañeros a través de una ventana y ante esa situación los niños se abrazaron y estallaron en llanto.

Los negocios de la zona en su mayoría cerraron por duelo y a la foto de Candela que tienen pegada en las puertas de entrada agregaron la frase "Que no quede impune" y "Fuerza Carola".

La niña Candela Sol Rodríguez murió a causa de "fractura de cuello y asfixia", según los primeros resultados de la autopsia, en la que surgió que "no hay signos" de violación.