Buenos Aires, 1 de abril.- El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, advirtió hoy que el pueblo ‘está cansado‘ de la agresión, los enfrentamientos, la destrucción y la calumnia, al recordarle a los sacerdotes que los fieles quieren ser conducidos por pastores con ‘paciencia y mansedumbre‘ y no ‘crispados‘.

‘Nuestro pueblo fiel está cansado de un mundo que agrede, que enfrenta a hermanos contra hermanos, que destruye y calumnia. Nuestro pueblo no quiere sacerdotes crispados‘, aseveró al presidir la misa crismal en la catedral metropolitana.

La frase se interpretó en ambientes eclesiásticos también como una referencia encriptada a la crisis política derivada de la pelea del gobierno con los jueces y los legisladores opositores.

El primado argentino aseguró que la crispación ‘viene de pretender controlar el propio poder. Precisamente lo contrario del saberse conducido, propio del buen pastor‘.

Bergoglio insistió en que ‘nuestro pueblo fiel pide (a los sacerdotes y obispos) paciencia y mansedumbre‘.

El purpurado porteño aseveró que los cristianos ‘necesitan ser ungidos con la misericordia y la caridad de Padre Dios, de manera muy especial en estos tiempos de tanta pobreza material‘.

También hizo una elíptica referencia a los casos de abusos sexuales que sacuden a la Iglesia y salpican al papa Benedicto XVI, al sostener que la feligresía ‘necesita de Dios, de manera especial en estos tiempos de tanto asedio a la fe‘.

Bergoglio estimó además que en tiempos de ‘fatiga pastoral‘ y escasez de vocaciones, exhortó a tomar el ejemplo de ‘sacerdocio santo, ajeno a todo cansancio malo, a toda agresión y a toda crispación‘ de los apóstoles, de los santos y mártires.

El arzobispo sostuvo que los sacerdotes están ‘llamados duros como la piedra por fuera, para edificar y sostener, para proteger al rebaño y cobijarlo, pero no duros ni crispados por dentro. Por dentro el sacerdote tiene que ser como el aceite en el frasco, como el fuego en la antorcha, como el viento en las velas, como la miga del pan‘. ‘Somos pobres sacerdotes en el Gran Sacerdote, pequeños pastorcitos en el Gran Pastor, la gracia que pasa a través de nuestros labios y de nuestras manos es infinitamente mayor de lo que podemos imaginar y el aceite de la unción es lo que nos hace buenos conductores. Conductores conducidos‘, precisó.

Bergoglio renovó las promesas sacerdotales ante cientos de sacerdotes y los obispos auxiliares que colmaron la catedral metropolitana, y bendijo también los santos óleos que se utilizarán en los sacramentos.

Por la tarde, a las 16, el arzobispo se trasladará a la Unidad Penitenciaria N 20, del Hospital Psicoasistencial José Tiburcio Borda, Ramón Carrillo 375, del barrio porteño de Constitución, donde realizará el lavatorio de los pies a doce internos del penal.
La oficina de prensa del arzobispado de Buenos Aires informó que se restringirá el acceso a los medios al centro carcelario, a fin de ‘preservar la identidad de los reclusos‘.

No obstante, Bergoglio tiene previsto dialogar con la prensa tras celebrar allí la eucaristía. Bergoglio viene repitiendo esta práctica, que recrea el ‘gesto servicial‘ de Jesús en la Ultima Cena, desde que asumió el gobierno pastoral de esta jurisdicción eclesiástica en febrero de 1998.

Desde entonces visitó sucesivamente a los afectados por el sida en el Hospital Muñiz, a los presos de la cárcel de Villa Devoto, a la gente alojada en el Hogar San José, a enfermos con padecimientos crónicos del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, y a los internados en el Hospital Tornú. También a las madres primerizas en la Maternidad Sardá, a los adolescentes provenientes de la villa 21-24 y del Barrio Zabaleta que ‘están superando el flagelo de la droga‘ el Centro de Da San Alberto Hurtado, que funciona en la parroquia Virgen de Luján, del barrio porteño de Parque Patricios, y a niños con padecimiento terminales del hospital pediátrico ‘Juan Garrahan‘.