Los resultados electorales nacionales del pasado domingo han sido sorpresivos para más de uno. Todas las mediciones previas anunciaban un resultado a favor de Daniel Scioli, con una diferencia que oscilaba entre los 7 y 11 puntos sobre Mauricio Macri.

La incógnita, en oficialismo y oposición, era si se llegaba a un balotaje o se definía en ese mismo comicio. Las caras de sorpresa en todos los búnkers el domingo a las 21 eran indisimulables. En un lado de alegría, en otro de estupor. Todos sorprendidos.

¿Qué sucedió a nivel nacional?:

En estos días se han difundido un arsenal de teorías distintas. Unas hablan de un movimiento de la opinión pública en los últimos días, cuando ya no pueden difundirse encuestas. Cuestión dudosa ya que ni siquiera en privado circularon números que dieran lugar a pensar en una definición tan cerrada.

Otras hacen referencia a un supuesto engaño de consultoras pagadas para mentir. Teoría conspirativa que se cae cuando se observa que ni siquiera las encuestas difundidas por el macrismo auguraban este escenario.

Por último, algunas refieren a la dificultad de la técnica de encuesta para captar algunos movimientos subterráneos de la opinión pública. En mi opinión, esta tercera sería la más acertada. Los sondeos de opinión pública a veces presentan dificultades para captar algunos movimientos sutiles de la ciudadanía en ciertos escenarios. Por eso, no hay que olvidar que la encuesta es una técnica de investigación social, lejos está de ser el sustituto de las bolas de cristal.

La utilidad de las mismas para pronosticar tiene las mismas limitaciones que los pronósticos meteorológicos y económicos. Los hombres no somos capaces de adivinar el futuro. Sí de intentar predecir algunas cuestiones con un nivel de certeza limitado. Y esa es la mirada que desde la Asociación Argentina de Consultores Políticos (AsACoP) venimos difundiendo respecto de los sondeos de opinión. Una mirada responsable y crítica, como un insumo más de información en el marco de las campañas electorales.

Como decíamos, si son realizadas correctamente, pueden describir de manera acertada lo que sucede en la mayoría de las situaciones.

De hecho en San Juan, de las 18 encuestas que presentamos 9 días antes de las elecciones en exclusiva para DIARIO DE CUYO, 17 predijeron al ganador y 14 se ubicaron dentro del margen de error con la proyección de indecisos.

Pero hilemos más fino, respecto de los resultados del domingo en lo nacional. Las mayores diferencias entre las mediciones previas y los resultados finales se presentó en la provincia de Buenos Aires y Córdoba. En la primera se concentra el 36,9% del padrón nacional y en la segunda un 8,7%, por lo que en conjunto explican casi el 46% de los votos del país.

Buenos Aires y la lista sábana:

Las mediciones previas marcaban una diferencia de más de 10 puntos a favor del Frente para la Victoria (FPV) en la categoría de presidente. La diferencia final fue de algo más de 4 puntos. Existen varias teorías para explicar lo que sucedió y nos permitimos en esto hacer un aporte. La fallida candidatura a gobernador de Aníbal Fernández (figura con alto nivel de resistencia por parte de la opinión pública) puede haber arrastrado hacia abajo a la fórmula de Scioli, debido a la dificultad que introduce en la mecánica del voto la lista sábana. Si el bonaerense priorizó la categoría de gobernador a la hora de votar, María Eugenia Vidal habría traccionado hacia arriba a Macri y Fernández hacia abajo a Scioli. Cuestión muy difícil de prever mediante las preguntas de cualquier encuesta. Debido al enorme peso electoral de Buenos Aires, esto puede haber influido significativamente en el resultado nacional.

Córdoba y Macri:

El otro elemento es la enorme performance de Cambiemos en Córdoba, provincia en la que le sacó más de 30 puntos de diferencia al massismo y al FPV, cuando se esperaba que el acuerdo entre José Manuel De la Sota y Sergio Massa obtuviera un mejor resultado. En el resto de las provincias, a excepción de Jujuy, la distribución de apoyos fue en línea con lo sucedido en las legislativas de 2013, y también con las encuestas pre-electorales.

El efecto sorpresa:

En próximas columnas iremos analizando diferentes aspectos del balotaje que se viene. Por ahora diremos que si bien en términos numéricos el ganador de la primera vuelta fue Scioli, el claro ganador en términos políticos fue Macri. Como siempre afirmamos, el éxito es la diferencia entre realizaciones y expectativas. Scioli generó la expectativa de ganar en primera vuelta y no lo logró. En tanto, la expectativa generada alrededor de Macri era que llegara al balotaje y, no solamente llegó sino que lo hizo con una diferencia mínima a favor del FPV. Superó las expectativas generadas en la previa. Eso ha generado una primera ola en la opinión pública que puede modificar el estado previo de las preferencias ciudadanas. Quedan tres semanas de campaña y habrá que seguir con atención los próximos movimientos. La carrera continúa.