
Después de 12 años sin relaciones tormentosas, Argentina volvió ayer a golpear las puertas del Fondo Monetario Internacional (FMI) en busca de salvataje financiero en medio de una fuerte devaluación del peso, fuga de capitales y el cierre del financiamiento internacional en los mercados tradicionales.
Aunque no se brindó detalles, Argentina negocia un acuerdo de asistencia financiera con el FMI que rondaría los 30.000 millones de dólares, el monto que el Gobierno necesita para cubrir pagos de deuda hasta fines de 2019.
Tampoco se informó de los plazos ni los términos del acuerdo, sólo hubo trascendidos sobre que el costo del crédito será el más bajo del mercado: una tasa del 4 por ciento, casi la mitad que hoy le pide el mercado de bonos al Gobierno para financiarlo.
En medio de la tensión, hoy la oposición en Diputados planea aprobar su proyecto sobre la suba de tarifas.
Para comenzar a negociar el desembolso, anoche mismo emprendieron viaje rumbo a Washington el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, y su equipo económico.
En un inusual mensaje grabado, dirigido a todo el país, y después que el dólar volviera a desbocarse, el presidente Mauricio Macri hizo el anuncio sorpresivo, aunque no inesperado, sobre el inicio de las conversaciones con el FMI para un acuerdo. Había que echar mano al Plan B en busca de crédito -dólares frescos- para frenar la corrida que pone en serio riesgo las reservas del Banco Central después de una semana turbulenta. El fantasma del default cobraba fuerza entre los inversores extranjeros que comenzaron a liquidar sus posiciones en Argentina y volcaban esos dólares en los bonos del Tesoro de EEUU que subió sus tasas.
Tras la leve alza que registró el lunes, ayer volvió la corrida del dólar en la city porteña lo que llevó a la divisa estadounidense a tocar los 23 pesos, lo que encendió otra vez las alarmas en el Gobierno, el sector económico y la sociedad, que aunque recibe sus salarios en pesos, depende fuertemente de la moneda de EEUU y tradicionalmente trata de guardar sus ahorros en esa divisa por los continuos vaivenes del peso y la alta inflación.
"Las condiciones mundiales están cada día más complejas por varios factores: están subiendo las tasas de interés, el petróleo, devaluado monedas de países emergentes, entre otra variables que nosotros no manejamos", sentenció Macri, que reveló que en la mañana habló por teléfono con la directora gerente del organismo, Christina Lagarde.
En esa charla, Macri acordó con el Fondo Monetario trabajar en un acuerdo que permitirá, según destacó, "fortalecer" el programa de "crecimiento y desarrollo" que lleva adelante su Gobierno y dar un "mayor respaldo" para enfrentar ese "nuevo escenario global" y evitar una nueva "crisis" en el país.
Macri insistió en que Argentina es uno de los países que más depende de la financiación externa por el "enorme gasto público" heredado del kirchnerismo.
Desde Washington, Lagarde no tardó en confirmar, en un comunicado, que se han iniciado "discusiones" sobre cómo poder trabajar para "fortalecer" la economía de Argentina, que definió como "un valioso miembro" del FMI.
Según detalló después a la prensa el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, la ayuda solicitada a la institución financiera es la vía de financiación más barata que existe porque ese organismo "presta a tasas inferiores" a las del mercado, y recalcó que "no aumenta el endeudamiento" del país, sino que refuerza su solvencia.
Dujovne explicó que "hemos decidido buscar financiamiento preventivo para la República Argentina". En este sentido, se especula que si realmente se trata de un acuerdo preventivo implica que no habría desembolsos del FMI en forma inmediata pero la línea de crédito quedaría abierta disponible para cuando el Gobierno lo requiera.
Los fuertes cambios en el mercado cambiario en los últimos meses, especialmente en la última semana -el dólar comenzó 2018 en 18,65 pesos y ayer cerró a 22,90- apenas han reaccionado a las medidas tomadas el pasado viernes por el Gobierno, ya que sólo ese día el peso consiguió una breve recuperación.
Estas fueron la reducción de la meta de déficit fiscal anual del 3,2% al 2,7% -lo que permitirá ahorrar 3.200 millones de dólares, achicando sobre todo el presupuesto en obra pública-, y la subida por parte del Banco Central de los tipos de interés de forma abrupta en una semana, hasta al 40%, situándola como la más alta del mundo.
En las últimas décadas, la relación de Argentina con el FMI ha sido tortuosa, después de prestar financiación al país durante su profunda crisis de la década de 1990 y comienzos del 2000, y ser criticado posteriormente por las duras condiciones exigidas. Ahora el miedo al 2001 vuelve a la memoria de los argentinos.
