El avance del dengue y la amenaza latente del zika y la chikunguña modificó en poco tiempo no solamente las costumbres, sino hasta el estilo de vida de las zonas afectadas en Misiones, principalmente en la capital, Posadas y Puerto Iguazú.

No es para menos, hay 2.182 casos sospechosos de dengue en Misiones de acuerdo al último parte epidemiológico dado a conocer ayer por la autoridades sanitarias de la provincia.

Con este panorama, el frenético intercambio de información y la búsqueda de todo tipo de repelentes del transmisor, el mosquito Aedes aegypti, se constituyeron en las principales ambiciones de los misioneros en este tiempo de una epidemia que ya llegó y podría instalarse definitivamente.

En cuestión de días, hasta el vecino neófito se convirtió en especialista en la enfermedad y sus consecuencias, ya sea por el bombardeo de los medios de comunicación o bien por tener algún familiar afectado, cuando no él mismo con síntomas del mal. Sin embargo, nada logra atenuar el temor que se instaló entre la gente que, ante la menor duda, abarrota hospitales, sanatorios privados y Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS) como se conocen a las salas dispersas por los barrios. Todos procuran un diagnóstico certero, aunque el protocolo para las situaciones epidémicas sólo contempla un examen entre diez, en una escala que se amplía de diez en diez según sea la cantidad de casos que se presentan para ser analizados.

A la demora en la confirmación de la enfermedad, se suma una frágil cadena de comunicación entre el sector público y el privado que impide una visión global del desarrollo de la epidemia, razón por la cual en Misiones la última información refiere que ya se registraron 1.864 casos.

Como sea, la epidemia además de arrasar las góndolas de los repelentes de todo tipo y marca, marcó también el desarrollo de un spray de elaboración local por por parte del Comité Ejecutivo de Desarrollo e Innovación Tecnológica (CEDIT) en base a citronella, una esencia que abunda en Misiones. En simultáneo, retornó el antiguo y efectivo espiral, mientras las familias con mejor posición económica acuden a las carpinterías en busca de las redes-mosquiteros para puertas y ventanas que impidan el ingreso de los mosquitos.

Por las calles de la ciudad, las tradicionales fragancias en mujeres y hombres se entremezclan con el olor de los repelentes, mientras que en las concentraciones obligadas como en bancos, hospitales, oficinas públicas o lugares de trabajo hay un tema ineludible: el dengue.

Las ausencias aumentan en los empleos por la cantidad de afectados por la enfermedad o por la simple confusión que genera el dengue con la gripe tradicional, por ejemplo, que ante la duda obliga a adoptar medidas precautorias. Además, las altas temperaturas se hacen sentir y las lluvias tradicionales de esta época del año, contribuyen con la reproducción del vector, generándose una batalla que no da tregua y que, según estimaciones de especialistas, se extenderá por lo menos hasta fines de abril. Entremedio hay personas desaprensivas que a pesar de la gravedad del cuadro de situación se resisten a modificar hábitos, poniendo en riesgo la salud de los demás, lo que obligó a las autoridades a disponer un “asueto de limpieza”, el lunes 1 de febrero, con la amenaza de recurrir a la justicia para ello.

Los interrogantes acerca de la presencia de la enfermedad abundan: el desmonte, la construcción de represas, la falta de higiene domiciliaria y la prevención tardía, son algunos, pero hoy la preocupación en las zonas afectadas sólo pasa por el cuidado extremo frente a enfermedades que en distintas etapas podrían provocar muertes. Por ahora, todos están bajo riesgo.