Buenos Aires.- No son días fáciles para el ex juez federal Norberto Oyarbide. Porque aunque el presidente Mauricio Macri le aceptó la renuncia –contra el deseo de una de las patas de Cambiemos, Elisa Carrió–, viene soportando algunos sofocones. Por ejemplo, el puñetazo en el estómago que días atrás le habría propinado un comensal del restaurante Estilo Campo, según contó la periodista Mercedes Ninci.

No obstante, el ex magistrado no se amilanó y, acompañado por su pareja, Claudio Blanco, a bordo de un Fiat Cinquecento (cuya patente guarda curiosa similitud con su apellido), regresó el sábado a la lujosa parrilla de Puerto Madero, famosa por su nutrida cava de vinos, y donde los habitués tienen sus propios cubiertos.

Como sea, Oyarbide abrió una nueva etapa en su vida. Atrás quedaron 39 años en el Poder Judicial –fue efectivizado el 11 de abril de 1977–, veintiuno de los cuales con el cargo de juez federal. El hombre de 1,60 de estatura (la misma que Napoleón) alguna vez recordó que más de un ex presidente lloró frente a él en su despacho.

Mientras en Comodoro Py se acelera la mudanza de los muebles franceses que engalanaban sus oficinas y la placa con su nombre es removida de la puerta de su juzgado, el futuro se abre ante este hombre multifacético como un enigma. ¿Formalizará finalmente con el ex árbitro de básquet, deporte que practicó en su juventud en Entre Ríos? ¿O el ex baterista de Juan “Corazón” Ramón y fanático de La Mona Jiménez será parte –como bailarín o jurado– del Bailando 2016? Por las dudas, Oyarbide se prepara: habrá estado dispuesto a dejar los expedientes, pero jamás el cuidado de su físico: se lo ve impecable a sus 75 años.